Cual más, cual menos, enemigos tenemos. Verdaderos o imaginarios, de hecho o de derecho, lejanos o cercanos, sueltos o enclaustrados, aún por nosotros negados… ¿Enemigos yo…cuándo? Y si no son de carne y hueso, enemiga se hace la pobreza y aunque parezca raro, enemiga también puede ser también la riqueza. Enfermedades y torpezas, se suman a los tropiezos y otros aderezos. A algo y alguien vamos culpando, de algo o de mucho que nos va pasando. Si no fuera por esto, si no fuera por aquello, por el tiempo y la garúa, la neblina y la tormenta. El gobierno por culpa de la oposición, mejor no gobierna. La oposición de todos los males al gobierno culpa y poco y nada se acuerda de su propio mea culpa. No les gusta llamarse unos de los otros enemigos y de adversarios se trenzan y de desalojos nacen airados enojos. Mas no caen en cuenta que cada gobierno de los tantos habidos, “siempre así ha sido y siempre así será” se autodesaloja solito como consecuencia de sus sorderas y cegueras, y del peso de sus colmadas arrogancias y de sus coronas de verdades de las que siente soberano. Unos y otros y todos de sí mismos, enemigos del alma somos y afanados buscando al enemigo equivocado vivimos. De nuestros anhelos, de tantos sueños, de nuestra salud y bienestar, de nuestra felicidad y progreso, de todo nuestro bien pasar, de nuestra armonía y nuestra paz, enemigos de nosotros mismos nos hacemos. Aliados con nuestro ego, concertados con nuestras obsesiones, atesorando nuestras soberbias y mezquindades, cuantas trampas nos hacemos y cuán fácil en ellas caemos. Y así de fácil decimos “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Si yo soy mi peor enemigo, ¿qué puedo hacer para llegar a ser yo mi mejor amigo?


Bue Nísimo
Te felicito Willi, lo encuentro buenísimo,
Tu amigo
Yo mismo